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Mayo 2011


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    28. El Neoclasicismo (1a. parte)

    De Roma a Francia, y al resto de Europa


    En las artes plásticas, el movimiento europeo llamado «Neoclasicismo» comenzó después del año 1765, como una reacción a los estilos Barroco y Rococó. Estos estilos se percibían como agotados y la solución pasaba bien por crear un estilo enteramente nuevo, bien por recrear el estilo de una época que, por considerarse la más cercana al ideal, se reputaba como «clásica». Con la llegada de la Revolución francesa (1789), el Neoclasicismo se adoptó como el estilo propio de la burguesía frente al rococó aristocrático, la respuesta estética propia de la revolución.

    El contexto

    El Neoclasicismo también era expresión del pensamiento de la Ilustración; Diderot dirigía duros ataques a Boucher, representante del rococó. Para el enciclopedista, debía preferirse en arte el estilo sereno del arte antiguo. En torno al año 1760, Diderot afirmaba que la función del arte era educar y hacer que la virtud pareciera atractiva, «el vicio odioso y el ridículo estrepitoso». Las obras por lo tanto debían tener una intención didáctica y moralizante, lo cual viene ejemplificado en las obras de Jean-Baptiste Greuze (1725-1805), aún enmarcadas estilísticamente en el rococó.

    Se deseaba regresar a lo que se percibía como «pureza» de las artes de la Antigua Roma, la más vaga percepción («ideal») de las artes griegas y, en menor medida, al clasicismo renacentista. Una circunstancia que contribuyó al nacimiento del Neoclasicismo es que la Antigüedad grecorromana, simplemente, se puso de moda. Ello se debió en gran medida a los descubrimientos arqueológicos de la época en Herculano (1738) y Pompeya (1748).

    Se difundieron obras arqueológicas y otras que reproducían imágenes de las ruinas clásicas. Decisiva fue la obra de Winckelmann (Historia del Arte de la Antigüedad), pero hubo otros como los escritos del arqueólogo conde de Caylus, The antiquities of Athens (Las antigüedades de Atenas) (1762) de los británicos Stuart y Nicholas Revett, Ruines des plus Beaux monuments de Grèce (Ruinas de los más bellos monumentos de Grecia) (1758) del francés Julien-David LeRoy, y los grabados con las Vistas de Roma, realizados por el italiano Giovanni Battista Piranesi entre 1748 y 1775.

    Lessing publicó su ensayo estético Laocoonte; gracias al debate entre Lessing y Winckelmann a propósito de la estatuaria helenística, los artistas aprendieron que los grandes sufrimientos se expresan mediante movimientos contenidos y no con gesticulaciones desagradables.

    Los europeos del siglo XVIII veían en aquella Antigüedad clásica una época de esplendor, de virtudes éticas que, si se introducían en la sociedad de la época, podría ayudar a regenerarla. Para Winckelmann el ideal estaba más bien en la Grecia del siglo V a. C. mientras que la Francia de la época revolucionaria se fijaba más en la Antigua Roma: la Roma republicana durante el periodo revolucionario, y luego el Imperio de los Césares durante el período napoleónico.

    Esa época se intentó revivir en diversos aspectos, incluido el arte y la pintura. Cada movimiento artístico «neo»-clasicista selecciona algunos modelos entre todos los clásicos posibles que están a su disposición, e ignoran otros.

    El problema que se encontraron los pintores fue que la pintura de la Antigua Grecia, a diferencia de lo que ocurría con la arquitectura o la escultura, estaba perdida irremisiblemente; así que los pintores neoclásicos la revivieron imaginariamente, en parte a través de frisos en bajorrelieve aunque era difícil superar su carencia de color, mosaicos y pintura sobre cerámica y en parte a través de los ejemplos de pintura y decoración del Alto Renacimiento de la generación de Rafael, frescos en la Domus Aurea de Nerón, Pompeya y Herculano y a través de una renovada admiración por Nicolas Poussin. Gran parte de la pintura «neoclásica» no es más que clasicista en su tema.

    Winckelmann, junto con su compatriota Anton Rafael Mengs fijaron las bases del Neoclasicismo pictórico, buscando recuperar el «buen ideal», la «noble simplicidad» del pasado y su «serena grandeza». El crítico Antoine Chrysostome Quatremère de Quincy acabó de sentar las bases del nuevo estilo en Francia. Finalmente, no puede dejarse de lado la influencia de las Academias, que se establecieron a lo largo de todo el siglo XVIII defendiendo siempre ideas clasicistas y que vieron confirmados sus postulados estéticos en los descubrimientos arqueológicos.

    Tècnicas empleadas

    Predominó el dibujo, la forma, sobre el colorido. Ello da como resultado una estética distante del espectador, reforzado por la luz clara y fría que bañaba las escenas, ya que si se adoptaran tonos dorados se introduciría en la obra una sensualidad que se rechazaba en la estética neoclásica.

    A veces se usaba el claroscuro, con una iluminación intensa de los personajes que interpretaban la escena en el centro del cuadro, dejando en las tinieblas el resto del cuadro. Al destacar el dibujo sobre el color, este último era mero coloreado, que informaba sobre el contenido del cuadro, modelando los objetos representados, sin tener valor estético por sí mismo. En contraste con las pinturas barrocas y rococó, las neoclásicas carecen de colores pastel y de confusión; en lugar de ello, usan colores ácidos. La superficie del cuadro aparecía lisa, con una factura impecable en la que difícilmente se apreciaban las pinceladas del autor, lo cual contribuía a establecer la distancia entre el autor y el tema y de éste con el espectador.

    Se cultivó sobre todo el cuadro de historia, reproduciendo los principales hechos de la Revolución francesa y exaltando los mitos griegos y romanos, a los que se identificó con los valores de la Revolución. Los temas representados siempre eran serios y eruditos, con intención moralizante: alegorías e historias que transmitían valores ejemplares como el sacrificio del héroe o el patriotismo. Bajo Napoleón Bonaparte, se llegó a una clara intención propagandista.

    Las fuentes que inspiraban las obras eran Homero, la historia de Roma Antigua en especial Tito Livio, y poemas de Petrarca. En muchos casos, las escenas no representaban el momento álgido de la historia, sino el momento anterior o posterior.

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    (Imágenes: Wikipedia)


    Indice Ediciones Anteriores

    1. La pintura francesa del siglo XIX (Enero-Febrero 2009)

    2. Ferdinand Barbedienne (1810-1892) (Marzo 2009)

    3. El caravaggismo, la pintura tenebrista (Abril 2009)

    4. Miquel Carbonell i Selva (1854-1896) (Mayo 2009)

    5. Los tapices del siglo XVIII. Las grandes fábricas europeas (Junio 2009)

    6. Arte de la India (1ª parte). (Julio 2009)

    7. Arte de la India (2ª parte). (Agosto 2009)

    8. El reloj en los siglos XVII y XVIII. (Septiembre 2009)

    9. Émile Gallé y el Art Nouveau. (Octubre 2009)

    10. La pintura gótica (1ª parte). (Noviembre 2009)

    11. La pintura gótica (2ª parte). (Diciembre 2009)

    12. La pintura gótica (3ª parte). (Enero 2010)

    13. La cerámica inca. (Febrero 2010)

    14. La escultura etrusca (1ª parte). (Marzo 2010)

    15. La escultura etrusca (2ª parte). (Abril 2010)

    16. La escultura etrusca (3ª parte). (Mayo 2010)

    17. La escultura etrusca (4ª parte). (Junio 2010)

    18. Alfons Mucha y el Art Nouveau (1ª parte). (Julio 2010)

    19. Alfons Mucha y el Art Nouveau (2ª parte). (Agosto 2010)

    20. El arte egipcio (I) - Los ushebtis. (Septiembre 2010)

    21. El arte egipcio (II) - La escultura egípcia (1a. parte). (Octubre 2010)

    22. El arte egipcio (III) - La escultura egípcia (2a. parte). (Noviembre 2010)

    23. El arte egipcio (IV) - La pintura egípcia (1a. parte). (Diciembre 2010)

    24. El arte egipcio (V) - La pintura egípcia (2a. parte). (Enero 2011)

    25. La escultura barroca. (Febrero 2011)

    26. El arte chino (1a parte). (Marzo 2011)

    27. El arte chino (2a parte). (Abril 2011)